jueves, 16 de julio de 2009

190 | ¿El amor dura tres años?

Ayer, tras un intenso día de reuniones, charlas y entrevistas, lo único que me apetecía era estar un rato en silencio.

Por la mañana, me pasé por la Librería del Círculo de Bellas Artes, aprovechando que tenía cosas que hacer muy cerca de allí, a comprar El amor dura tres años, de Frédéric Beigbeder, que además es autor de los muy recomendables 13,99 y Socorro, perdón.

Así que cuando llegué por la noche a mi casa, me serví una copa de Mandolás, un excelente y económico vino blanco macerado en barrica de origen húngaro, y me propuse no hacer otra cosa que leer este libro hasta que me venciera el sueño:

Frédéric tiene en este libro el mismo estilo afilado, desgarrador, contemporáneo, ácido y honesto para abrirle las tripas a nuestra sociedad. Y lo hace sin anestesia, como de costumbre. Y en esta ocasión, como en otras lo ha hecho con la publicidad o la moda, lo hace con el amor.

Tengo cierta obsesión con los arranques de las novelas y por eso te dejo con el texto de arranque de este libro para que lo disfrutes:

Al principio todo es hermoso, incluso tú. No das crédito a estar tan enamorado. Cada día trae consigo su liviana carga de milagros. Jamás nadie en el mundo había conocido tanta felicidad. La felicidad existe y es muy simple: consiste en un rostro. El universo sonríe. Durante un año, la vida no es más que una sucesión de soleadas mañanas, incluso cuando nieva por la tarde. Te casas, lo antes posible: ¿para qué reflexionar cuando uno es feliz? Reflexionar te entristece; la vida debe ganar la partida.

El segundo año, las cosas comienzan a cambiar. Te has vuelto más tierno. Te sientes orgulloso de la complicidad que has establecido con tu pareja. Comprendes a tu mujer con sólo medias palabras; qué felicidad conformar un todo. Hacéis el amor cada vez menos y consideráis que no es grave. Estáis convencidos que el fin del mundo está muy lejos. Defendéis el matrimonio delante de vuestros amigos solteros, que ya no os reconocen. Tú mismo, sin ir más lejos, ¿estás realmente seguro de reconocerte cuando recitas la lección aprendida de memoria y resistes la tentación de fijarte en las señoritas ligeras de ropa que iluminan la calle..?

El tercer año, ya no resistes la tentación de fijarte en las señoritas ligeras de ropa que iluminan la calle. Pronto llega el momento en que no puedes soportar a tu mujer ni un segundo más, porque te has enamorado de otra. Sólo hay un punto en el que no te habías equivocado: efectivamente, la vida tienen la última palabra. 


Sergio Fernández

5 comentarios:

Oriol dijo...

Buen post, buen libro y mejor blogger!!!!

Y el 4 año que? y volvemos a empezar???

Cris dijo...

¿Puede alguien explicarme qué es el amor? ¿se puede definir?
Según la RAE:
Amor


¿es lo mismo para todo el mundo, o está en función de nuestras expectativas y de nuestra educación? ¿tiene un duración limitada? ¿se puede aprender a amar?

No soy fan de Miguel Bosé, pero esta canción me gustó mucho cuando la escuché:
Cada día

José Ricardo Fernández dijo...

La cuestión es que el amor no es el enamoramiento. De hecho, son dos palabras y, en este caso, muy distintas en su finalidad.

El enamoramiento, dicho de forma rápida, es un estado en el que se cae como por arte de magia. Los individuos, en su parte animal, lo padecen, quizá una sola vez en su vida.

Pero el amor es continuar. Seguir y aguantar. Querer lo que el otro quiere. Ayudar en lo que el otro quiere ser ayudado.

El amor nos distingue de los animales, sin que yo esté muy seguro si es mejor ser animal o persona.

Saludos.

Anónimo dijo...

El texto es bonito, pero es muy triste.... espero que no siempre terminen las cosas así, ya que no tendríamos ilusión ni siquiera en enamorarnos.

Manuel en Granada dijo...

Estoy muy de acuerdo José Ricardo Fernández, me parece perfecta tu diferenciación entre el enamoramiento y el amor. Llevo 32 años casado y pase del emocionante enamoramiento al grato y reconfortante amor. Tenemos 3 hijos que disfrutan con vernos, tenemos diferentes criterios pero sin que nos cueste trabajo estamos el uno al lado del otro y cedemos cuando hay que ceder, el amor es una buena masa para hacer buen pan. Ánimo, por tanto, no hay que temer, la relación de dos personas no hay porque medirla por trienios.