martes, 17 de noviembre de 2009

253 | Ágora y Muro de Berlín

Hace dos fines de semana tuve ocasión de ver Ágora, la última película de Alejandro Amenábar.

No me importa decir públicamente que no soy amigo de las grandes superproducciones y esta en concreto ha costado alrededor de 50 millones de euros. Sin embargo, fueron dos los motivos que me impulsaron a verla. El primero es que varios amigos me hablaron bien de la cinta. 

El segundo es que el hecho de que esta película esté encontrando problemas de distribución en Estados Unidos tenía que significar algo... ¡Y vaya si es así!

La película está ambientada en la Alejandría de finales del Siglo IV. Momento en el que las revueltas religiosas ponen en peligro la biblioteca de Alejandría. Allí, la astrónoma Hipatia, una de las protagonistas de la película, quiere conservar la sabiduría del Mundo Antiguo.

Hasta aquí, una película más en la que se han gastado una pasta en decorados.

Lo interesante viene cuando la película hace una crítica a lo que supuso el cristianismo frente a la sabiduría del mundo antiguo. La película habla de los dogmas frente a la ciencia; del fanatismo frente al respeto; de la intransigencia frente al diálogo; del discurso de Jesús frente a los que se adueñaron [aún hoy] de éste...

Y esta mañana, en una conversación sobre el peligro del Pensamiento único, ese que tanto se lleva hoy en día por mucho que digan lo contrario, recordaba una anécdota que me sucedió la semana pasada. 

El lunes 9 de noviembre participé en la madrugadora Tertulia Capital, de Intereconomía. El tema del día era lógicamente el aniversario de la Caída del Muro de Berlín. Yo lo que dije es que cualquier caída de cualquier muro, cualquier recuperación de libertad de una persona siempre merecía celebración, pero que la fecha podría ser buena ocasión para preguntarse si de este lado del muro lo estábamos haciendo tan bien. A lo mejor es momento para preguntarnos si este modelo que damos por sacrosanto y que parece no admitir crítica alguna es el mejor posible o requiere de alguna mejora. En la película Ágora se observa que la semilla de todos los males radica en la ausencia de crítica con respecto a lo que uno cree o piensa. 

Creo que la crisis actual podría ser una excelente oportunidad para plantearse qué hemos hecho bien y qué hemos hecho mal. No sólo como sociedad sino cada uno de nosotros. Para mi está claro, el cambio sólo vendrá cuando cada uno de nosotros a nivel individual cambie de nivel de conciencia.

Y películas como Ágora nos muestran de manera clara cómo uno de los objetivos del Poder, en cualquier momento, ha sido siempre imponer unos dogmas para mantener el status quo. Me ha gustado tanto la película que voy a empezar las gestiones para llevar a su director, Alejandro Amenábar, a la radio para charlar con él sobre la película y su mensaje.

Sergio Fernández

5 comentarios:

Joaquín - María dijo...

¡Ánimo! ¡A ver si consigues a Amenábar para tu programa!
Nos gustó Ágora. Es una pelicula hecha inteligentemente, que atrae a quienes se quedan sólo con lo puramente visual y a quienes profundizan en su mensaje.
Este chico es otro Stanley Kubrick: no hace dos películas iguales y siempre le salen bien.
Por cierto, hay un anacronismo en Ágora: en un momento dado aparece una opuntia (chumbera). Esas plantas proceden de América -aunque parezca raro por lo aclimatadas que están en África- y en esa época no existían en Alejandría. Es un error común en el cine. Zeffirelli, por ejemplo, cayó en él al rodar Jesús de Nazaret.
Pero se lo perdonaremos a Alejandro; no se puede estar en todos los detalles.
Lo dicho: a ver si contactas con él.

Anónimo dijo...

Este artículo me hace pensar en el barco atunero y los piratas.
¿los atunes siempre se han pescado tan lejos?????
¿soldados y metralletas, mercenarios armados en barcos de pesca???
Quizás tenga que dejar de comer atun.
¿los piratas no saben pescar?????

Algo no está bien.

Rosamar dijo...

Estoy de acuerdo contigo en que si cada uno de nosotros de forma individual cambiáramos a nivel de conciencia todo sería diferente. Somos un eslabón. Lo más importante es hacernos conscientes de todo lo que pasa a nuestro alrededor. Lamentablemente es algo que no se enseña, de generación en generacion se transmite el miedo,(religión, gobiernos, etc.) estamos acostumbrados a que piensen por nosotros. O acaso cuando vamos al médico no dejamos nuestra salud en sus manos? ¿Analizamos porqué nos hemos puesto enfermos? Habeis leido el libro "Padre rico, Padre pobre"? Os lo recomiendo, es de Robert Kiyosaki. Sergio, hay mucho trabajo por hacer.

Antonio dijo...

¿Porque siempre tenemos que criticar y meternoes con los mismos? ¿Donde está el fanatismo religioso hoy?, ¿De donde proviene esa violencia fanatica? Señores, seamos realistas y no pretendamos manipular la realidad....Lo que pasa es que no hay hoy en dia nadie con el valor suficiente para decirlo, escribir o realizar una pelicula sobre esa realidad, y la realidad está en el ISLAMISMO. El señor AMENABAR es un cobarde, si queria hacer una pelicula criticando el fanatismo religioso, lo tenia muy fácil o es que éste hombre no vive la realidad, lo que pasa es que no tiene valor porque si lo hiciera tendria que esconderese el resto de sus dias para que no lo mataran, pero lo fácil es meterse con una religión que sabe que no le va a pasar nada, que asco de mundo....

Carlos G.P. dijo...

Queridos amigos: Os invito a compartir un vídeo, que fue filmado en mi intervención en el encuentro de educadores que tuvo lugar en Barcelona, con motivo de los talleres dirigidos por Noemi Paymal sobre Pedagogía 3000. Su título es “Educar más allá de las creencias: liberando al corazón”. A ver qué os parece...
La dirección para acceder a él es: 
http://vimeo.com/9374224
  Felices encuentros. Un cordial abrazo
                                      Carlos González
 P.D  Temática del vídeo:
¿Cómo puede un maestro empoderar a sus alumnos? O lo que es lo mismo:
¿Dónde está nuestro poder para cambiar las cosas que no nos gustan, para cumplir nuestros sueños....? ¿Por qué no podemos aplicar todo lo que hemos aprendido en seminarios y talleres? ¿Qué nos impide como educadores enseñar de otra manera? ¿Qué pasa con nuestro valor...? ¿A qué tememos y por qué...?
No existe la cobardía, sino los obstáculos al valor
Esos obstáculos están en nuestras creencias, muchas veces invisibles para nosotros mismos. Reconocerlas y saber jugar con ellas es la clave para ceder el poder al corazón, y conseguir el empoderamiento de nuestros alumnos o hijos.
Para más información:
http://www.ladanzadelavida12.blogspot.com/